jueves, 17 de diciembre de 2015

38. Cultura experimental

Texto: Michael Ende en Carpeta de apuntes
Imagen: Jacek Yerka



La palabra “experimento” produce hoy por lo visto tal fascinación en mucha gente que nadie reflexiona sobre lo que pueda significar. Tenemos teatro experimental, exposiciones experimentales, música experimental, escuelas experimentales…, y por supuesto también literatura experimental. A mí me parece que en todo ello se ha trasladado un concepto de la ciencia (es decir, de la ciencia de la naturaleza, pues no parece posible hacer experimentos filosóficos, jurídicos o incluso teológicos) a un terreno en el que a ese concepto no se le ha perdido absolutamente nada.

En las ciencias de la naturaleza se trabaja con hechos existentes que se quiere investigar. Las vinculaciones entre los hechos de la naturaleza están ya dados, están ahí, aunque a nosotros todavía no los conozcamos. Se da a ratones blancos tal o tal medicamento para ver cómo reaccionan. Se generan ciertos condicionamientos físicos y se espera el resultado. Y se toman toda clase de medidas para que ese resultado sea lo más objetivo posible, es decir, para no influir en él con las propias expectativas o ideas.

Aplicar un procedimiento semejante en el arte, la literatura o incluso en la pedagogía es totalmente absurdo. En la pedagogía, la pregunta está de más por el hecho puro y simple de que los niños no son ratones blancos. En el arte y la literatura, el error es algo menos fácil de notar, porque casi siempre se olvida que ahí no hay hechos ni vinculaciones dadas que se pueden investigar objetivamente, o sea, desconectando las propias ideas y las propias expectativas.

No hay un arte en sí, ninguna literatura en estado natural, o sea, sin el hombre. Todo es desde un principio creación humano y por tanto no es posible observarlo como libre de valor. El riesgo persona, la aventura, es algo muy distinto del experimento, porque éste tiene justamente la intención de excluir el riesgo personal (a veces la cosa sale mal, indudablemente, pero de eso no se hablaba). Nunca, en el arte o en la literatura, se ha dado el más mínimo paso hacia delante mediante el experimento. Siempre ha sido la personalidad de un individuo la que, con todo el peso de sus facultades y de sus valoraciones, ha impuesto nuevas normas.

A mí, esas gentes que hacen experimentos con el arte y la literatura me parece como si en realidad quisieran decir lo siguiente: “Nosotros no estamos de acuerdo, por supuesto, con lo que hacemos. Con nosotros, personalmente, eso no tiene nada que ver. Con ello no nos comprometemos absolutamente a nada. Lo que hacemos es probar, nada más. Puede que salga algo de ello, pero puede que no. Queremos ser completamente objetivos, o sea, no somos responsables de lo que quizá resulte”. No, amiguitos: todo lo que se publica, se expone y se presenta a un público es válido. Tiene que poder ser medido con la misma medida que todo arte o literatura, y eso sin restricciones ni periodos de prueba. No hay comienzos ni tanteos, a no ser que éstos ya tengan por sí mismos calidad de arte. La mayor o menos buena voluntad no cuenta absolutamente nada; pues, como dijo una vez Lieberman tan bien dicho, “el arte es lo contrario de la buena intención”. A mi tampoco me interesa nada una cosa por el hecho de que sea nueva. Lo que me interesa, exclusivamente, es que sea buena. Nuevas patochadas se pueden tener cada día a docenas sin gran esfuerzo. (Lo que, por otra parte, parece no percibir el mundillo cultural actual, o más bien, por cosa del negocio, prefiere no percibirlas).

Resumiendo: lo único que cuenta en tales materias son los criterios artísticos. Pero estos no pueden superarse de la persona. No se puede hacer de la falta de criterios un nuevo principio cultural. Pero si piensan las cosas hasta el final, tal es el resultado de todos esos intentos.

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Recopilatorio de los mejores artículos en español sobre la vida y obra de Michael Ende, autor de La historia interminable y Momo. Escritor alemán de la postguerra, nacido en Garmisch-Partenkirchen, el 12 de Noviembre de 1929 y muerto el 28 de Agosto de 1995 en Stuttgart,

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