martes, 22 de septiembre de 2015

32. Respuestas dignas de reflexión

Texto: Michael Ende en Carpeta de apuntes




Hace años leí un informe sobre un equipo de científicos que había emprendido una expedición al interior de un país centroamericano con objeto de realizar excavaciones. Pero el transporte de la impedimenta fue contratado un grupo de indios. Se había elaborado, para toda la empresa, un exacto calendario de trabajo. Los primeros cuatro días se avanzó más de lo previsto, los indígenas eran hombres fuertes y voluntarios, el programa de trabajo pudo mantenerse. Sin embargo, al quinto día los indios se negaran de pronto a continuar la marcha. Silenciosos, permanecían sentados en círculo en el suelo y no había manera de que volvieran a coger los bagajes. Los expedicionarios les ofrecieron más dinero, cuando eso no sirvió de nada, los insultaron y al final hasta los amenazaron con sus armas. Los indios permanecían mudos y sentados en círculo. Los científicos ya no supieron qué hacer y al final se resignaron. El plan de trabajo hacía tiempo que no se cumplía. Entonces –dos días más tarde-, los indígenas se levantaron de repente todos a la vez, cogieron los fardos y continuaron por la ruta prevista, sin exigir más salario y sin haber recibido ordenes especiales. Los científicos no podían explicarse en absoluto tan extraño comportamiento. Los indios guardaban silencio y no parecían dispuestos a dar explicaciones, sólo mucho más tarde, cuando llegó a existir una cierta relación de confianza entre algunos de los blancos y los indios, uno de éstos dio la siguiente respuesta:

- Habíamos ido demasiado aprisa –dijo-, por eso tuvimos que esperar hasta que nuestras almas nos dieron alcance.

A mi me parece que nosotros, los hombres civilizados de la sociedad industrial, tenemos mucho, muchísimo que aprender de estos indios primitivos. Cumplimos con nuestros horarios externos, pero la sensibilidad para el tiempo interior, para el tiempo del alma, la hemos eliminado hace mucho. El individuo no tiene opción, no puede escapar. Hemos creado un sistema, un orden económico de despiadada competencia y de exigencia de rendimiento. Quien no se adapta a él queda tirado en el camino. Lo que ayer era moderno hoy ya se tiene por anticuado. Con la lengua fuera corremos unos tras otros, pero es una danza colectiva que se ha vuelto demencial: si uno marcha más deprisa, todos tienen que marchar más deprisa. A eso le damos el nombre de adelanto. ¿Pero a qué nos adelantamos? ¿A nuestra alma? Hace tiempo que la hemos dejado atrás. Sin embargo, por el vacío surgido, también los cuerpos enferman. Con drogas y ruido se intenta sustituir lo que se ha perdido. Clínicas y sanatorios psiquiátricos están llenos a rebosar. ¿Era ésa nuestra meta: un mundo sin alma? ¿Es realmente imposible que todos juntos detengamos esa danza de locos, que o sentamos en el suelo en círculo y que esperemos en silencio?

La segunda respuesta me la contó hace poco un amigo, un etnólogo. Fue dada, también, por una india. Durante un largo viaje, ese amigo llegó a un monte en cuya cima había una aldea india. Pero el único manantial de la comarca se hallaba al pie del monte. Las mujeres de la aldea tenían que caminar monte abajo media hora cada día para volver a marchar una hora monte arriba con los cántaros llenos.

Mi amigo preguntó a una de las mujeres si no sería más sensato construir la aldea abajo, cerca del manantial. La mujer respondió:
- Más sensato si sería quizás, pero teníamos miedo de sucumbir en ese caso a la tentación de la comodidad.

Esta respuesta es para nosotros, hombres de la civilización, quizás aún más extraña que la primera. ¿Por qué va a ser la comodidad una tentación? Nuestros coches, lavadoras, ascensores, aviones, teléfonos, cadenas de fábrica, robots, ordenadores, en resumen, todo lo que constituye nuestro mundo moderno fue creado al servicio de la comodidad, ¿no es cierto? Todas esas cosas hacen la vida más fácil, nos alivian de un trabajo molesto, nos dan tiempo para llevar a cabo lo importante, ¿no es verdad? Nos liberan. Sin duda… ¿pero de qué? ¿Quizás justamente de lo importante? ¿Y que sería ello? ¿Cómo es que no consigo quitarme de encima la sensación de que esa mujer india, con sus curiosas opiniones, es en realidad mucho más libre que cualquiera de nosotros?

Leo en la Biblia una frase extrañamente similar: “De qué le serviría al hombre ganar todo el mundo si pierde su alma? “ (Mt, 16, 26). ¡Pero qué nos importa el alma! La hemos dejado olvidada en cualquier parte del camino. El mundo del futuro será un mundo totalmente cómodo y totalmente desprovisto de alma. ¿No creen ustedes?


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Recopilatorio de los mejores artículos en español sobre la vida y obra de Michael Ende, autor de La historia interminable y Momo. Escritor alemán de la postguerra, nacido en Garmisch-Partenkirchen, el 12 de Noviembre de 1929 y muerto el 28 de Agosto de 1995 en Stuttgart,

Aquel que quiera hacer magia, tiene que poder aplicar y dominar su capacidad de desear.. Con la tecnología de Blogger.

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